
La probabilidad de un derrame de GNL es muy remota dado los exigentes requerimientos de diseño en los equipos y tuberías de la instalación.
Si ello se produjese, la instalación contiene una red de canalizaciones que conducirían el GNL vertido (recordemos que es líquido) a una balsa de derrame de suficiente capacidad sin fuente de ignición cercana, donde se controlaría su evaporación y se disiparía en la atmósfera. Asimismo, tanto la red de canalizaciones como la balsa de recogida de derrames disponen de equipos que permiten detectar los posibles vertidos de GNL.