
No. Según
El gas natural y otras energías a base de gases pueden contribuir sustancialmente a cumplir con este reto a lo largo de este siglo. Los recientes descubrimientos de gas indican que las percepciones sobre los recursos globales de gas natural han cambiado signitficativamente.
El gas natural es mucho más abundante que lo que se estimaba hace una década. De hecho los nuevos descubrimientos sobrepasan los incrementos de consumo. Las reservas de gas natural tanto convencional como no convencional son revisadas continuamente al alza. Además las reservas de clatratos son realmente cuantiosas y aunque no han sido explotadas comercialmente podrían atender la demanda esperada en las próximas décadas.
El gas natural es el único combustible fósil a base de hidrocarburos que puede llevar la delantera tanto en el proceso de descarbonización, como en la reducción de los impactos adversos que el uso de los combustibles fósiles tienen en el medio ambiente y en la salud humana.
Además el gas natural puede ser la energía puente para las fuentes de energía sin carbono, como la solar y la energía de fusión, o incluso para la producción de hidrógeno obtenido de las inmensas reservas de clatratos. No es pues aventurado considerar al gas natural como la energía del siglo XXI, tanto por su bajo contenido en carbono, por ser el más limpio y menos contaminante de todas las energías basadas en el carbono, y por su alta eficiencia de conversión.